Un hogar sobre ruedas: El viaje hacia lo esencial
Despertar cada mañana con un paisaje distinto al otro lado de la ventana dejó de ser una fantasía para convertirse en la realidad de Lorena. Esta joven española y su pareja han transformado una furgoneta camperizada de apenas cinco metros cuadrados en su refugio, su oficina y su vehículo para descubrir el mundo. Juntos recorren desde las escarpadas costas del Mediterráneo hasta las sinuosas carreteras de los Alpes, habiendo elegido esta forma de vida nómada para hacer del viaje y la aventura la esencia misma de su día a día.
Lejos de aislarse, la joven también trabaja desde su pequeña casa rodante y comparte su día a día a través de las redes sociales. Allí no solo muestra los idílicos lugares en los que logran aparcar y tomar el primer café de la mañana, sino que documenta la cara más real de la van life: cómo es vivir con los bienes materiales justos, el reto de convivir en un espacio sumamente reducido y la belleza de abrazar una rutina que rompe por completo con lo convencional.
“Fue una necesidad de encontrarme a mí misma”
“Hay quien vive en una furgoneta por necesidad económica, hay quien elige vivir en ella por pura paz mental y hay quien lo hace porque prefiere gastar su dinero en vivir viajando”, comienza diciendo Lorena en uno de sus videos más virales.
La joven explica que no existe un manual con una única razón para elegir este estilo de vida, y que todas las motivaciones son igual de válidas. Sin embargo, en su caso, la decisión no fue un capricho turístico, sino el resultado de una profunda búsqueda personal.
“En mi caso fue una necesidad de encontrarme a mí misma, de vivir experiencias, de sanar las heridas de todo lo que había perdido, de sentirme viva de nuevo y de construir, desde cero, una vida mucho más libre y con más tiempo para mí”, confiesa con emoción.

Una oficina con vistas: las tres fuentes de ingresos de Lorena
Una de las preguntas que más se repite entre sus seguidores cuando alguien decide dejar atrás una vivienda tradicional es cómo logra sostenerse económicamente en la ruta. Lorena ha logrado diversificar sus ingresos y actualmente cuenta con tres fuentes principales que se adaptan a su movilidad.
La primera es su vocación principal como terapeuta de medicina natural. A través de videollamadas y consultas online, guía a personas de distintas partes del mundo que buscan mejorar su bienestar físico y emocional mediante métodos holísticos y naturales. Gracias a la tecnología, su consultorio puede estar hoy en un bosque de Francia y mañana frente a un fiordo noruego.
A esta labor le suma su rol como embajadora de una empresa dedicada a los suplementos y la cosmética natural, un trabajo que encaja perfectamente con sus valores. Y, por último, su lado más creativo: un emprendimiento de joyería artesanal. Sentada en la pequeña mesa plegable de su furgoneta, Lorena diseña y fabrica piezas únicas, una pasión que cultiva desde que era niña.
“Antes compraba una joya porque era bonita, brillaba en el escaparate o simplemente estaba de moda. Ahora que me las hago yo con mis propias manos, valoro el tiempo, el proceso y la historia única que hay detrás de cada pieza”, asegura sobre su profundo respeto por el trabajo artesanal.
Algo similar experimentó con su cuidado personal; el minimalismo también llegó a su piel. “Antes sentía que necesitaba maquillarme a diario para verme bien. Ahora cuido mi piel con cosmética natural desde la base, para estar tan sana que el maquillaje ya no sea una necesidad, sino una simple opción”, explica.
“Nunca pensé que vivir en una furgo fuera a cambiar mi forma de consumir”
En sus reflexiones en redes sociales, Lorena admite que esta aventura sobre ruedas transformó radicalmente su relación con el dinero y las compras. “Nunca pensé que vivir en una furgo fuera a cambiar tan profundamente mi forma de consumir”, asegura.
Aclara que esto no significa haber hecho un voto de pobreza ni haber dejado de comprar por completo. La diferencia radica en la consciencia. Ahora, cada compra pasa por un filtro muy estricto. “Antes de sacar la tarjeta, me hago siempre la misma pregunta: ¿Esto va a aportar algo real a mi vida o solo va a ocupar un espacio valioso que no tengo?”, expresa.
Para Lorena, vivir con menos no es sinónimo de renuncia, sino de sabiduría. “Vivir en una furgo no me enseñó a renunciar a las cosas. Me enseñó a elegirlas muchísimo mejor”, reflexiona.
Esta mirada intencional se refleja incluso en su vestimenta. “En mi antigua vida pensaba que necesitaba un armario inmenso y lleno de opciones para cada ocasión. Ahora tengo mucha menos ropa, prendas mucho más versátiles y, curiosamente, tardo menos tiempo en decidir qué ponerme cada mañana”.
En un hogar que mide lo mismo que una habitación pequeña, cada objeto tiene que ganarse su lugar y cumplir al menos una función. “Simplemente, no caben más cosas. Así que tenemos una regla inquebrantable: si quieres meter algo nuevo, tienes que sacar algo viejo”, explica entre risas.
A partir de esa transformación espacial y mental, Lorena también desterró para siempre el hábito de acumular cosas “por si algún día las necesito”. Su conclusión final resume a la perfección la filosofía que ha adoptado en esta nueva etapa:
“Vivir con menos me enseñó a valorar muchísimo más. Porque lo que de verdad importa en esta vida no ocupa espacio en un cajón, sino en la memoria”.
15 de Agosto 2026